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En Fiesta de la Lectura: la creatividad que solventa dificultades

Durante las sucesivas versiones de la estrategia a nivel nacional se presentó una dificultad recurrente: las unidades de servicio no tenían libros o tenían algunos, pero de muy baja calidad literaria.

Por otro lado, y como resultado del proceso de formación, las agentes educativas aprendieron que además de los libros impresos podían enseñar a los niños y niñas a leer el mundo, su propio mundo presente en la tradición oral, en las historias familiares, en la memoria colectiva, en los juegos tradicionales. Todas estas cosas tenían una característica común: no estaban guardadas mas que en la memoria y la cotidianidad de las comunidades y, ante la necesidad de suplir la falta de libros podían convertirse en propuestas creativas.

Así, la magia de los libros, el juego que enseña, la explosión de creatividad en las expresiones artísticas, el descubrimiento y recreación del patrimonio cultural, se pusieron a la disposición de los agentes educativos. Sus aprendizajes se tradujeron en experiencias maravillosas.

Especialmente en el Cauca, las Agentes Educativas elaboraron hermosos libros viajeros con el doble propósito de compilar la mayor cantidad de evidencias del Patrimonio Cultural Inmaterial para ponerlas al alcance y disfrute de los niños y las niñas y lograr la vinculación de las familias a la Estrategia. El Libro Viajero fue un libro artesanal, construido amorosamente con distintos materiales, que se fue acrecentando con mitos, leyendas, anécdotas, coplas, jugas e historias, narradas generalmente por las personas de más edad de las familias y escritas por los padres de los niños y las niñas.

Impulsadas por los formadores de Gestión y Acción, las agentes educativas descubrieron que los libros viajeros suplían dos carencias importantes: la de libros que estimularan a los niños y niñas de sus unidades y la de compilaciones del patrimonio inmaterial de sus municipios. Entonces definieron los siguientes objetivos:

  1. Rescatar los relatos orales, las historias de las familias, de los abuelos y la comunidad.
  2. Reproducir y transcribir los juegos tradicionales permitiendo a la agente educativa valorar y entender las tradiciones de su grupo social.
  3. Generar nuevas metodologías para integrar a las familias con los procesos pedagógicos de la unidad de servicio.
  4. Suscitar vínculos afectivos y de valía entre los niños sus familias y la unidad de servicio.
  5. Fortalecer la innovación y la creatividad de las agentes educativas haciendo del libro una oportunidad para construir y crear nuevas herramientas pedagógicas para sus procesos formativos
  6. Enseñarles a las agentes educativas a ser transformadoras y recursivas ante las dificultades.
  7. Acercar a los niños y las niñas a su patrimonio cultural inmaterial.

Por otra parte, algo similar ocurrió en Nariño. Desde los Laboratorios Municipales se les propuso a las Agentes educativas la elaboración de un Libro de la Memoria, contando para ello con la colaboración de los niños, las niñas y los padres de familia; la intención de este ejercicio fue, por un lado, promover la escritura y por otro generar la integración de la comunidad cercana al hogar.

En cada caso, la Agente Educativa empezó el Libro de la Memoria con su propia historia de vida, luego se llevó a las casas de los niños y niñas con la frecuencia que la agente considerara, para que las familias junto con sus pequeños le fueran agregando historias, comenzando por la que recogía el nacimiento de cada uno de ellos, luego el libro volvió al hogar con una historia nueva cada vez. De esta manera el libro fue tomando forma y se fue enriqueciendo con poesías, trabalenguas, canciones populares, adivinanzas, anécdotas curiosas, cuentos e historias de la región.

Cada semana el libro de la Memoria era leído con los niños y niñas y usuarios y enviado nuevamente con otra familia para irlo fortaleciendo como instrumento de trabajo.

Durante los Laboratorios siempre se destinó un tiempo a permitir que se socializaran los libros de la Memoria. Cada Agente Educativa mostró los avances del suyo y las demás le hicieron recomendaciones acerca de cómo mejorarlo por dentro y por fuera.

También dieron vida a hermosos rincones de lectura. Entre ellos debemos mencionar el Rancho de la Lectura situado en la parte trasera de la Unidad de servicio de la Agente Educativa Martha Enríquez. El lugar se transformó en toda una experiencia significativa en el que se proveyó un espacio para la imaginación, el conocimiento, el vínculo afectivo, el sentido de pertenencia y un sinnúmero de valores que sólo nos pueden dejar los libros de la colección. El ranchito se convirtió en el punto de encuentro de la gente de la vereda para leer en familia y compartir todas las historias y relatos de su patrimonio cultural.

Adicionalmente, y en particular en los casos de Agentes Educativas con analfabetismo funcional (recordemos que por mucho tiempo ellas no pasaron ni se consideraron más que cuidadoras que debían ayudar a las madres de familia a ‘criar’ a sus hijos) las agentes educativas pusieron en coplas y cantos eso que querían que los niños y las niñas leyeran de su contexto y su cultura. En Tumaco y Barbacoas, al arrullo del mar, las mujeres nariñenses convirtieron los libros en bundes y currulaos.

Así, a partir de la creatividad y la sensibilización lograda por nuestros formadores, las agentes educativas del pacífico colombiano implementaron soluciones arraigadas en su cultura, pero muy novedosas para solventar la falta de buenos libros de literatura infantil en sus unidades de servicio.

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