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El trabajo en equipo en los proyectos sociales

Las nuevas tendencias laborales y la necesidad de reducir costos, llevaron a las organizaciones sociales y a las empresas productivas a pensar en los equipos como una forma de trabajo habitual. Alcanzar y mantener el éxito en las organizaciones modernas requiere talentos prácticamente imposibles de encontrar en un solo individuo. Las nuevas estructuras de las organizaciones, más planas y con menos niveles jerárquicos, requieren una interacción mayor entre las personas, que sólo puede lograrse con una actitud cooperativa y no individualista.

Jean Piaget desde la psicología retoma el concepto de trabajo en equipo y le da un valor social cuando concibe las actuaciones de los individuos en función de una realidad común en la medida que busca dar soluciones a problemáticas que permitan al hombre vivir en armonía con otros y no solo con equilibrio emocional sino cognitivo.

Para María del Pilar Leal experta en recursos humanos, el trabajo en equipo no es simplemente la suma de aportaciones individuales “si no es la labor de un grupo de personas que trabajan de manera coordinada en la ejecución de un proyecto” para lograr no solo mayor productividad sino más sinergia entre los colectivos generando así, una mayor satisfacción personal y de equipo.

En ocasiones, se confunde el término de trabajo en grupo, colaborativo y en equipo. Por eso es importante reconocer las diferencias entre estos términos.  En el primero, la responsabilidad es individualizada y su interés está centrado en resolver un asunto sin necesidad de reconocer los potenciales de cada uno de los integrantes del grupo. En el segundo, un individuo colabora con una tarea específica sin desarrollar habilidades complementarias, mientras que, en el trabajo en equipo, se logra el desarrollo del conocimiento interno y externo en interacción con el otro(a) por lo que se desarrolla compromiso, responsabilidad y se potencializan habilidades del orden personal, social y cognitivo, para cumplir con el logro de objetivos.

Cuando se trabaja en equipo todos los miembros entienden cuál es la ruta que se debe recorrer y están motivados por un compromiso colectivo y real, bajo parámetros claros y consensuados. Además, hay un valor importante en esta dinámica la cual consiste en la integración de miradas, voces y de relaciones para asumir la incertidumbre, los cambios y en especial, los retos que demanda la complejidad de trabajar en proyectos sociales de gran envergadura.

La necesidad de trabajar en equipo llegó de la mano de propuestas como calidad total, sistemas integrados de gestión, reingenierías y procesos de cambio, programas de integración regional, y otras que requieren la participación e interrelación de diversos sectores funcionales de las empresas.

Por consiguiente, cuando se habla de trabajo en equipo se hace referencia a una responsabilidad compartida lo cual lleva a comprender que las recompensas económicas por el trabajo, no son la única motivación, sino que existen otros tipos de recompensas: las sociales, simbólicas, y no solamente materiales. El trabajo en equipo permite encontrar un reconocimiento simbólico; gracias a él, se le potencializa a cada integrante porque se descubre así mismo(a) en sus habilidades que antes no se le reconocía.

Es, así como, las personas que hacen trabajo en equipo se fortalecen, se nutren, no se encuentran aislados, sino que están unidos entre sí por relaciones particularmente en el marco grupal e interactivo. En todo este proceso, además, de las recompensas sociales, también pueden obtenerse otros tipos de recompensas como las económicas, los materiales y las no materiales.

Desde este punto de vista, las mujeres y los hombres tienen necesidades sociales que tratan de satisfacer en el mismo lugar donde trabajan. Como obtienen satisfacciones por el hecho de pertenecer a los grupos, todos ellos son sensibles a las incitaciones, normas, consignas, atributos que provienen de dichos grupos. Estas incitaciones dan origen a poderosas fuerzas motivacionales capaces de relegar a un segundo plano las incitaciones económicas

En este sentido, se reconoce el aporte de la sicología social por qué explica el alcance de las aptitudes y actitudes de cada miembro del equipo en el marco del bienestar social que influye directamente en el desarrollo del trabajo en equipo. De esta forma, se pasa del concepto del homo económicas dado por la escuela clásica al de homo sociales reforzado por la escuela de las Relaciones Humanas. La idea central de esta escuela es la resolución de problemas de funcionamiento de la organización a partir de la mejora de la RRHH (la relación de subordinación entre otras) y la utilización de grupos para movilizar las energías y canalizar los comportamientos en la dirección deseada.

Los franceses Roger Cousinet y Célestin Freinet han señalado de distintas formas la evolución del concepto de trabajo en equipo desde una perspectiva pedagógica, que consiste en la forma en la que se concibe el aprendizaje y el cumplimiento de objetivos comunes cuando se aprende desde un proyecto pedagógico y social. Todo proyecto que se construye con colectivos tiene un gran componente educativo; su esencia radica en compartir responsabilidades entre miembros de igual jerarquía y aprender de todos y construir para todos.

De igual forma, el pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire retoma este concepto desde la teoría de la “educación problematizadora” con su propuesta en la que el “educador y educando, se educan entre sí mientras se establece un dialogo en el cual tiene lugar el proceso educativo”. Este método de educación, en la que el aprendizaje es reciproco, puede ser llevado al trabajo en equipo cuando se habla de la importancia de aportar en el mejoramiento de cada individuo del grupo para de esa forma ampliar sus fortalezas, mejorar sus falencias y con ello potencializar capacidades en pro del desarrollo colectivo.

La Asociación de Organización Social Rural y Urbana de Cali – ASORUCALI considera que en los proyectos sociales se debe reconocer que el trabajo en equipo es una valiosa metodología para ejecutar cada actividad. En este proceso se reconoce qué, cómo y en qué circunstancias puede aportar cada miembro del equipo. Aquí salen a flote dos conceptos claves, el autoconocimiento y el reconocimiento. El primero hace énfasis a la capacidad de reconocer por parte de cada integrante, todos sus posibilidades cognitivas, sus fortalezas para crear en conjunto con otros, así como la aceptación de sus debilidades para mejorarlas.

Diversas circunstancias históricas como la evolución del trabajo, la sindicalización mal implementada, entre otros aspectos contribuyeron a hacer cada vez más problemático lo que sería el desarrollo, la dinámica y el fortalecimiento de las organizaciones sociales que construyen región y país desde diversos proyectos sociales. Sin lugar a dudas, para tener éxito y cumplir con el alcance de sus proyectos se requiere de la motivación intrínseca y liderazgo de un equipo de trabajo con la disposición para aportar, con apertura y flexibilidad mental, con la conciencia de la construir desde la diferencia, con la consigna que cada uno de los miembros está en capacidad de aceptar el trabajo del otro. En últimas: todos y cada uno de los miembros del equipo, con sus perspectivas, diversidad de ideas y diferencias aportará de manera significativa y en este ciclo se darán aprendizajes verdaderos y muy valiosos.

Carmen Tulia Ararat Torres

Carmen Tulia Ararat Torres

Trabajadora Social egresada de la Universidad del Valle

Carmen Tulia Ararat
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